Artiodáctilos

Importancia para el ser humano

Los artiodáctilos han sido explotados durante mucho tiempo por el ser humano con fines económicos. En la garganta de Olduvai, en el este de África, hay claras evidencias del uso de antílopes como alimento hace casi 2 millones de años. En Europa, durante el Paleolítico (hace unos 30.000 años), el hombre de Cromañón dependía en gran medida del reno. En esta época se había consolidado el uso de los animales además de como alimento; las pieles se usaban como ropa y calzado, y los huesos se utilizaban como herramientas, armas y accesorios.

La domesticación de los animales supuso un gran avance en la historia de la humanidad. La domesticación de los animales de rebaño surgió probablemente de forma gradual, quizá antes que la agricultura. Las cabras y ovejas domesticadas se conocen por primera vez en Oriente Próximo en una fecha cercana al 7000 a.C. El ganado vacuno y el porcino se domesticaron en una fecha posterior, pero ciertamente antes del 3.000 a.C. En América del Sur, los incas o sus predecesores desarrollaron la llama, actualmente utilizada para el transporte, y la alpaca, que proporciona una fuente de lana, a partir de los guanacos. El dromedario (Camelus dromedarius), domesticado en Arabia, se introdujo en el suroeste de Estados Unidos, en el suroeste de África y en el interior de Australia en el siglo XIX. En la actualidad existe una gran población salvaje en Australia.

Además de proporcionar carne, leche, pieles y lana, los artiodáctilos han servido al hombre de otras maneras. En Cachemira, el subpelo o pashm del íbice siberiano (Capra ibex) y de las cabras domesticadas locales se ha utilizado como base para la fabricación de chales de cachemira. En el suroeste de Francia, los cerdos se han utilizado para localizar trufas subterráneas (los cuerpos fructíferos de ciertos hongos comestibles).

Ningún grupo de mamíferos es más cazado que los artiodáctilos. La caza deportiva de diversos cérvidos sustenta una industria multimillonaria en Norteamérica y Europa. En muchas culturas la caza ha estado reservada a los monarcas o a la aristocracia. En los siglos posteriores a la conquista normanda de Inglaterra, la ley forestal preveía severos castigos por la matanza de ciervos y jabalíes. El ciervo de Père David (Elaphurus davidianus) de China sobrevive ahora sólo porque fue conservado primero en el parque de caza de los emperadores de China y después por el duque de Bedford tras la matanza de las manadas chinas a finales del siglo XIX.

Los ungulados salvajes fueron la principal fuente de carne para las poblaciones humanas mucho antes de la aparición del hombre moderno. El hombre prehistórico cazaba los grandes mamíferos de su entorno con una eficacia cada vez mayor que, sin duda, fue decisiva para su supervivencia. Todavía se está investigando hasta qué punto el hombre estuvo implicado en la extinción de algunos de los grandes animales del Pleistoceno (es decir, los que abundaban hace entre 2,6 millones y 11.700 años). Ahora se sabe que hubo una oleada de extinción de grandes mamíferos del Pleistoceno tardío, incluidos los artiodáctilos; en América del Norte esta oleada alcanzó su cenit hacia el 9000 a.C. Muchos animales también se extinguieron en África, donde los búfalos de cuernos largos y los grandes parientes de los búfalos de cola sobrevivieron hasta hace muy poco. En África han sobrevivido más mamíferos grandes que en otros lugares, pero se desconoce la razón de su supervivencia. Una segunda ola, probablemente definitiva, de exterminio de los grandes mamíferos ha tenido lugar con la difusión de la cultura europea y las armas de fuego en los últimos 300 años. Se ha caracterizado por la matanza gratuita y ha generado un interés por la conservación. Sin embargo, ahora parece que las exigencias sin precedentes al medio ambiente que plantea la rápida expansión de las poblaciones humanas provocarán una extinción casi total de los grandes mamíferos salvajes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *