Jacob y Esaú

El revoltijo de potaje (acuarela de alrededor de 1896-1902 de James Tissot)

En el Génesis, Esaú regresó a su hermano, Jacob, hambriento del campo. Le rogó a su hermano gemelo que le diera un poco de “potaje rojo” (en paralelo a su apodo, en hebreo: אדום (adom, que significa “rojo”). Jacob ofreció dar a Esaú un cuenco de guiso a cambio de su primogenitura (el derecho a ser reconocido como primogénito) y Esaú aceptó.

La primogenitura (bekorah) tiene que ver tanto con la posición como con la herencia. Por la primogenitura, el hijo primogénito heredaba el liderazgo de la familia y la autoridad judicial de su padre. Deuteronomio 21:17 afirma que también tenía derecho a una doble porción de la herencia paterna.

Esau actúa impulsivamente. Como no valoró su primogenitura por encima de un plato de guiso de lentejas, con sus acciones, Esaú demuestra que no merece ser quien continúe con las responsabilidades y recompensas de Abraham bajo el pacto de Dios, ya que no tiene las cualidades firmes y reflexivas que se requieren.

Horst, Gerrit Willemsz. – Isaac bendiciendo a Jacob

Jacob muestra su voluntad así como su mayor inteligencia y previsión. Lo que hace no es del todo honorable, aunque no es ilegal. El beneficio de la primogenitura que obtiene es al menos parcialmente válido, aunque es lo suficientemente inseguro al respecto como para conspirar más tarde con su madre para engañar a su padre y así obtener también la bendición para el primogénito.

Más tarde, Esaú se casa con dos esposas, ambas hititas, es decir, locales, violando el mandato de Abraham (y de Dios) de no tomar esposas de entre la población cananea. Una vez más, se tiene la sensación de una persona testaruda que actúa impulsivamente, sin pensar lo suficiente (Génesis 26:34-35). Su matrimonio se describe como una vejación tanto para Rebeca como para Isaac. Incluso su padre, que le tiene un gran afecto, se siente herido por su acto. Según Daniel J. Elazar, esta acción por sí sola descarta para siempre a Esaú como portador de la continuidad patriarcal. Esaú podría haber superado la venta de su primogenitura; Isaac seguía dispuesto a darle la bendición debida al primogénito. Pero la adquisición de esposas extranjeras supuso el desprendimiento de sus hijos de la línea abrahámica. A pesar del engaño por parte de Jacob y de su madre para conseguir la bendición patriarcal de Isaac, se reafirma la vocación de Jacob como heredero legítimo de Isaac en la continuación de la fundación del pueblo judío.

Elazar sugiere que la Biblia indica que una persona brillante y calculadora que, en ocasiones, es poco honesta, es preferible como fundador que una persona fanfarrona e impulsiva que no puede tomar decisiones discriminatorias.

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