Qué hacer cuando su hijo dice palabrotas

Niña enfadada con el vapor que le sale por las orejas

Los niños pequeños están constantemente recordando a los padres que les prestan atención. Lo harán de formas sorprendentes, ofreciendo nuevos pensamientos, acciones y, sobre todo, palabras. A veces las elecciones son divertidas e impresionantes. Otras veces, lo que sale de la boca de los niños de entre 5 y 8 años no es tan adorable.

En concreto, dicen palabrotas.

Puede ser una palabra. Puede que no sepan lo que significa. Puede que no sepan dónde la han oído. Por desgracia, el lenguaje no deseado está en todas partes. “No se puede evitar que estén expuestos a él”, dice la doctora Jacqueline Sperling, psicóloga clínica e instructora de la Escuela de Medicina de Harvard. Un estudio de 2013 descubrió que, a los 8 años, los niños conocen 54 palabras tabú. A esa edad, las palabras más utilizadas son del tipo “estúpido” y “dios”. Pero a los 11 y 12 años, hay un cambio en el que las dos primeras se vuelven decididamente más adultas.

Los niños imitan las palabrotas de los demás

“La imitación es una parte importante del desarrollo”, dice Sperling. Los niños ven y oyen lo que se dice después de que alguien se tropiece con el dedo del pie o grite a otro conductor, y deciden intentarlo. En parte se trata de emular a un hermano o a un padre; en parte es la atención; en parte es la reacción. ¿Se enfada la gente o se ríe? La reacción puede ser alentadora, por lo que es bueno mantenerse inicialmente neutral, dice.

La casa también es un lugar seguro para enfadarse. Por eso los niños tienen crisis cuando vuelven del colegio. Después de un día de seguir las reglas, necesitan soltarse, dice el doctor Eugene Beresin, director ejecutivo del Centro Clay para Mentes Jóvenes y Saludables del Hospital General de Massachusetts y profesor de psiquiatría en la Escuela de Medicina de Harvard.

¿Cómo se pueden manejar las palabrotas?

Afortunadamente, los niños de esta edad se están socializando más, sobre todo a través de la escuela. Saben que los adultos actúan de una manera que los niños no pueden. Por ejemplo, el abuelo grita improperios a la televisión mientras ve un partido de fútbol. También saben que hay normas diferentes para cada lugar: no van al colegio o al supermercado sin pantalones. “Entienden el contexto”, dice el doctor Beresin.

Así que hay que tener en cuenta el contexto. Si las palabrotas son muy abundantes, lo más probable es que te hayas enterado por su profesor o director. Aun así, no es algo que deba fomentarse. Los niños siguen necesitando que se les recuerden de vez en cuando las normas que deben cumplir.

Cuando oigas palabrotas, prueba estas pautas:

  • Tómate un tiempo antes de decir nada. No querrá prestar demasiada atención a un comportamiento no deseado, dice Sperling.
  • Pregunte por qué. Luego, sugiere el Dr. Beresin, siga con: “¿Qué estabas sintiendo cuando dijiste eso?”. Puede sacar a relucir que estaban enfadados o frustrados.
  • Resuelvan juntos el problema. ¿De qué otra manera podrías decir eso? ¿Cuáles son algunas palabras locas? ¿Qué dirías si estuvieras en el colegio o en casa de la abuela? “Estás construyendo su repertorio. Nuestro trabajo de crianza es darles herramientas de qué hacer y decir en diferentes entornos”, dice el Dr. Beresin.
  • Explicar el comportamiento aceptable. Si la palabra fue dirigida a otra persona, exprese claramente que eso no es aceptable. “Es una agresión, y no agredimos a otras personas con palabras o físicamente. Está fuera de lugar”, dice el Dr. Beresin. Explica también que la gente comete errores y pide disculpas por ellos.
  • Fomenta la comprensión a través de preguntas. Cómo crees que esa palabra hizo sentir a la persona? ¿Cómo te sentirías tú? Cómo te haría sentir que te pidieran perdón? Todo esto ayuda a construir la empatía. Cuando muestren empatía, elógialos. Apoye el comportamiento que quiere ver, dice Sperling.
  • Sea concreto. “Los niños más pequeños no entienden las sutilezas, pero entienden lo que es bueno/malo, sí/no, así son las cosas”, dice la doctora Beresin. Hazlo de forma sencilla: Decir palabrotas es algo que hacen los adultos. Se hace en casa, no en la tienda, en casa de un amigo o en la consulta del médico. Pon ejemplos de normas escolares que ya conozcan para reforzar el contexto: No te cuelas en la fila. No se levanta de la mesa del almuerzo. El profesor no dice palabrotas.
    • Construyendo bloques para el éxito futuro

      Además de frenar las malas palabras, estás creando un entorno para hablar de los sentimientos y construyendo su aprendizaje social y emocional. El doctor Beresin dice que es un área que se descuida, aunque es esencial para el éxito futuro. “La gente pierde puestos de trabajo por sus meteduras de pata sociales y su conducta”, dice.

      Sus intercambios no tienen por qué ser perfectos. Los niños pueden tener problemas con su lenguaje; los padres también. Es importante que usted sea un modelo de comportamiento adecuado, que se disculpe si tiene un desliz y que el diálogo se mantenga abierto y de apoyo. Esa coherencia ayudará a que las conversaciones se vuelvan más complejas a medida que los niños crezcan.

      “Queremos que nuestros hijos sean capaces de reflexionar y hablar sobre sus emociones y su comportamiento, y que sean capaces de tener en cuenta las emociones y el comportamiento de los demás”, dice el doctor Beresin. “Cuanto antes empecemos con estas cosas, mejor será como bloque de construcción para su futuro.”

      Información relacionada: Harvard Health Letter

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